Nuestros hijos e Internet. Ventajas e inconvenientes de su uso

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Desde que se ha popularizado el uso de Internet en los domicilios nos están bombardeando con los peligros que supone para nuestros hijos.

Paulino Castells ha acuñado el término “botellón electrónico” para definir algo que resulta preocupante para los padres y divertido para los hijos, como el “botellón” ya clásico.

Pero no debemos olvidar que la comunicación de masas tiende a ser negativa y catastrofista, porque eso se supone que atrae más al público.

Robert Metcalfe dijo en su momento: “Internet no estará en la escuela. Será la escuela”. Y ya estamos en esa situación. Por eso no debemos estigmatizar Internet ni su uso por parte de nuestros hijos, porque su futuro depende en gran parte de ella.

Repasemos primero las desventajas y luego las ventajas de este moderno sistema de comunicación, de formación, de comercio y de trabajo.

Entre las desventajas más citadas por los críticos figuran el cansancio, la irritablidad y la frustración derivada de su abuso. Todo ello se puede neutralizar usándolo con mesura, como cualquier adicción y con algunos consejos de uso proporcionados por los padres o educadores. Más difícil resulta neutralizar la adquisición de información sesgada o simplemente errónea, pero la propia tecnología nos facilita el poder contrastarla con otras fuentes, al darnos acceso a ellas. Debemos simplemente acostumbrar a nuestros hijos a contrastarlo todo, algo que no hacemos (y es un error) cuando lo vemos escrito en un libro, revista o periódico. Por último, los peligros que acechan a todo usuario de Internet (y no sólo a los más pequeños), timos diversos, incitación a comportamientos peligrosos (ej.: anorexia), captación por grupos radicales o sectas, pederastia, etc. Para mitigar estos peligros hay que olvidarse de la vieja creencia de que el peligro acecha a los niños y jóvenes en la calle, mientras que en casa están a salvo. Eso ya no es así y debemos ayudarlos a protegerse en la web lo mismo que en la calle.

Entre las ventajas hay una bien clara, divertirse. Sin duda la que provoca su inicio en el uso de las nuevas tecnologías cuando son bien pequeños. Pero no debemos olvidar lo importante que es para vivir en nuestro mundo el mantenerse en contacto con aquellos con los que compartimos algo: amigos, compañeros de la escuela o del trabajo, gente con las mismas aficiones, etc. algo que se extrema cuando el niño o el adolescente ha cambiado de lugar de residencia y se encuentra lejos de aquellos que estima (algo cada vez más frecuente debido a la mobilidad exigida por el mercado). Que duda cabe que en línea con lo previsto por Robert Metcalfe, Internet permite hoy a nuestros hijos (y a nosotros mismos) formarse, tanto en el aspecto de adquirir conocimientos como en el de adquirir habilidades o descubrir sus puntos fuertes y débiles sin que se los tengamos que decir los padres y educadores (que poco podemos influir porque ya no nos consideran fuentes de conocimiento válidas).

Sin embargo, de todas las ventajas me quedo con aquella que resulta única a lo largo de la Historia. Es la primera vez que los hijos pueden enseñar a sus padres cosas útiles y necesarias. Nuestros hijos están mejor capacitados que nosotros para moverse en el mundo tecnológico (Marc Prensky los llama “nativos digitales” porque nacieron cuando yo existía) y podemos aprovecharnos de ello para adquirir nosotros (“inmigrantes digitales”) esos conocimientos de nuestros hijos, estableciendo con ello un vínculo hasta ahora nunca experimentado.

¿Qué nos queda hacer a nosotros, los padres y educadores?

Sinceramente, lo de controlar (los horarios, las webs que visita, etc.) que nos recomiendan tantos expertos es poco menos que inútil, salvo para los más pequeños y frágiles. Sería el equivalente a evitar tener objetos peligrosos en la casa cuando el niño empieza a andar, tapar los enchufes o poner una barrera a la entrada de la cocina. Lo importante es que cuando crezca sepa que el cristal y la porcelana se rompen, que la electricidad o el fuego son dañinos para las personas y que los productos de limpieza y los medicamentos son venenosos.

Debemos ejercer nuestra obligación de transmitirles valores, porque de eso no se encargará nadie (ni Internet). Y esos valores serán el marco que guiará toda su evolución, incluyendo cómo actúan a través de las nuevas tecnologías.