Igualdad y desigualdad entre sexos

Ratio:  / 7
MaloBueno 

¿Somos iguales los hombres y las mujeres?

Pocas preguntas tienen como ésta igualmente válidas las dos respuestas opuestas: SI y NO

Pero nos hallamos sometidos al imperio de las modas y una de ellas es la de la igualdad entre sexos. En España hasta tenemos un “Ministerio de Igualdad”. La conclusión parece obvia: la desigualdad es mala y debe erradicarse.

Sin embargo, resulta que en foros mucho menos frívolos se habla de lo positivamente poderosa que resulta la “Diversidad”, un concepto que choca con el anterior.

A los que tenemos la responsabilidad de educar a los niños y adolescentes, como padres, como profesores o simplemente como adultos que han madurado, se nos complica la labor. Porque a ello se suman multitud de expertos que nos dicen lo que NO debemos hacer (pocas veces lo que si debemos). Prácticamente todas las cosas que nos hicieron formarnos como somos ahora parece que son erróneas cuando no aberrantes (pensemos en las técnicas de nuestros padres y maestros y seguro que serían inaceptables en el mundo actual) y sin embargo no nos han hecho unos monstruos.

Algunos parecen empeñados en hacer este mundo más complicado de lo que ya es. Y nuestros niños y jóvenes son los que tendrán que gestionarlo cuando a nosotros nos toque retirarnos, así que ayudémosles en todo lo posible, relativizando los “dogmas de fe” de tanto pontífice.

Uno de esos dogmas de fe es la igualdad, que pasa por decisiones como la reciente de la Comisión Europea de forzar, por ley si es necesario, la incorporación de más mujeres a los Consejos de Administración de las empresas. ¿Debemos formar a nuestras hijas para ser Consejeras, pues? Y si no les gusta ¿Las obligamos?

¿Por qué tiene que ser mejor una empresa si en su Consejo se sientan más mujeres de las que hay hoy? El presidente Zapatero creó en su día un gobierno con total paridad de sexos que fue un hito histórico porque no se había hecho antes y ¿alguien recuerda que fuera un gobierno mejor que los anteriores? ¿por qué no legislamos que el ejército, ampliamente copado por hombres, deba obligatoriamente tener la mitad de mujeres (reduciendo su tamaño hasta lograrlo)? ¿por qué no legislamos que los estudios de Medicina, ampliamente copados por mujeres, deban obligatoriamente tener la mitad de hombres (reduciendo el número de estudiantes hasta conseguirlo)? ¿Tenemos como educadores la misión de encaminar a nuestros hijos o alumnos a estudiar Medicina y a nuestra hijas o alumnas a hacer la carrera militar?

Claro que es bueno dar a ambos sexos una educación del mismo nivel y no discriminatoria. Lo de regalar armas simuladas y balones sólo a los niños varones mientras que muñecas y cacharros de cocina eran exclusivamente para las niñas es afortunadamente un recuerdo del pasado, aunque no en todas las familias. Pero regalar una muñeca a un niño que las odia o un balón a una niña que nunca ha manifestado su interés por el fútbol es igual de absurdo.

Que la formación se imparta en clases mixtas es también un gran avance, aunque tenga sus pegas, que las hay, pues niños y niñas no evolucionan a la misma velocidad y a nosotros nos corresponde ayudarles a solventar los problemas que ello les cause, sobre todo en las edades donde se manifiesta esta diferente velocidad.

Un aspecto que debemos cuidar al hablar con los niños y jóvenes es el lenguaje, que a veces tiene connotaciones machistas (o feministas) y no hablo de adoptar la ridícula costumbre de algunos supuestos líderes, que al hablar dicen “las mujeres y los hombres…”, “los ciudadanos y ciudadanas…”, “los trabajadores y trabajadoras…”, los “miembros y miembras…” (sic), etc. para ser “políticamente correctos” a la vez que alargan sus frases huecas, pues en nuestra lengua el masculino es muchas veces neutro y para entenderlo así basta con analizar el contexto de la frase.

Si alguien le dice a sus hijos “¡niños, a cenar!” ¿entenderán las niñas de la familia que no tienen derecho a comer? Pues sigamos así, pero evitando palabras y frases que realmente discriminen por sexo cuando el asunto nada tenga que ver con esa diferencia.

La diversidad, como apuntaba antes, ha sido y es muy positiva para la Humanidad, pues está demostrado que un grupo diverso de humanos es capaz de tomar mejores decisiones que un grupo homogéneo. ¿No funciona mejor una familia con personas de varios sexos, varias edades, variados intereses y que hablen más de una lengua? Pues las empresas igual y por extensión la sociedad entera (quien le interese que compare una sociedad diversa como la estadounidense con otra bastante homogénea, la japonesa y saque sus propias conclusiones).

Por poner un ejemplo, ante un problema (si quiere piense en alguno concreto que haya tenido), la mayoría de los hombres tenderá a focalizarse en las tareas a realizar para resolverlo, mientras que la mayoría de las mujeres tenderá a focalizarse en las personas y el impacto sobre ellas, tanto del objetivo a conseguir como del proceso hasta lograrlo. Ambos enfoques son tremendamente importantes para resolver el problema cuando se tienen en cuenta conjuntamente, aunque nos parezca que ello retrasa el resultado o lo hace más complicado.

Personalmente, he dirigido múltiples equipos de proyecto en una gran diversidad de empresas y situaciones y los equipos mixtos siempre me han funcionado mucho mejor, hasta el punto de que he rechazado dirigir a equipos de un solo sexo por el grave riesgo que entrañan de no cumplir los objetivos.

Pero para que los hombres y las mujeres puedan aportar lo mejor de si mismos, cada uno desde su perspectiva, deben adquirir de niños y adolescentes una educación que les ayude a desarrollar lo mejor de cada uno, sin coartar ninguno de los aspectos que los hacen tan valiosos. Y debemos recordar siempre que la mejor manera de aprender es equivocarse, pero al igual que nosotros no lo hacemos si nos reprenden o castigan por ello, los niños y jóvenes tampoco lo harán y se empobrecerán intelectualmente.

Nuestra labor como adultos es lanzarles ideas, estimularles a desarrollar las suyas, apoyarles, premiarles, corregirles, ayudarles a analizar los errores, etc. para que se desarrollen como personas y no para que sean “buenos ciudadanos” de la sociedad donde han nacido, porque hoy en día esta sociedad es el mundo entero (1).

(1) Según el observatorio “Faros San Juan de Déu” en su edición de 2011, sólo un 32,67% de los jóvenes entraría en la categoría de “Integrado/Normativo” que solemos asociar con un “buen ciudadano”.