Tengo dos años y como igual que los papás

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El tipo de alimentación que hacemos a lo largo de nuestra vida, condiciona en gran medida nuestra salud

El comportamiento alimentario está influido por factores muy variados. Antaño estaba condicionado a la estacionalidad, los productos locales y por supuesto, al nivel económico. En el momento actual es posible elegir entre gran número de productos ya que se han desarrollado especies más resistentes, se han multiplicado las formas de producción y conservación de alimentos, las comunicaciones acercan los mercados, los medios difunden las modas. Además, los modelos educativos y la organización familiar han cambiado de forma trascendental. Todo ello contribuye a que la forma de alimentarse de las generaciones actuales sea muy variable, y a la vez muy globalizada. Si hace 100 años el mayor riesgo nutricional era la desnutrición o carencia de nutrientes específicos, en el momento actual, en los países desarrollados, lo es la obesidad y todas las enfermedades derivadas de la misma(diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia..).

El desarrollo del gusto comienza ya en la etapa antenatal, en que el feto está expuesto a sustancias y sabores de la dieta de su madre a través del líquido amniótico. Continúa durante la lactancia materna y la forma en que se pasa a la alimentación normal de la familia.

La lactancia materna debe ser la base de la alimentación del bebé, como cualquier mamífero. Llegado el momento de introducir nuevos alimentos, lo lógico es tener en cuenta los hábitos alimentarios de la familia, adaptando la dieta del niño de forma que sea equilibrada y adecuada en cantidad y consistencia, pero lo más parecida a la de sus progenitores.

La industria alimentaria ha creando infinidad de productos diseñados especialmente para los bebés y los niños pequeños, que, con la finalidad aparente de facilitar la vida familiar, han conseguido convertirse en un buen negocio económico a base de hacer a muchos niños adictos a determinados sabores, consistencias y productos. Los niños se acostumbran a alimentos muy dulces como los tarritos de fruta, los zumos y los postres lácteos, así como a las texturas  sumamente finas, lo que dificulta el aprendizaje de la masticación y contribuye a la obesidad debido a los alimentos calóricos y fáciles de ingerir.

El niño sobre los 9 meses debe empezar a manipular tanto los utensilios que le servirán para comer (tenedor, cuchara, palillos, vasos….) como los alimentos. A  esta edad el niño siente curiosidad y esto hay que aprovecharlo. A partir del año deben observar a los adultos comer. A esta edad ya podrán tomar casi todos los alimentos básicos, sólo será necesario adaptar su consistencia a la escasa dentición.