Como crear buenos hábitos alimentarios en nuestros hijos

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El rol ejemplar.

Si los niños no crecen en una familia donde se come de todo, en cantidades adecuadas, con unos horarios regulares y en un ambiente relajado y predispuestos a disfrutar juntos del acto de comer no podemos pretender que aprendan todo esto por sí mismos.

Cuando somos conscientes de que nuestra alimentación no es sana en el momento en que somos padres tenemos una oportunidad  de cambio de hábitos que deberíamos aprovechar.

Respeto por el apetito y el ritmo de aprendizaje del niño

Los niños son muy distintos entre sí en cuanto a la cantidad de comida que toman y a la facilidad para aceptar nuevos sabores y texturas. No podemos imponer a un bebé unos cambios rápidos si vemos que le cuesta adaptarse, pero tampoco debemos evitar las dificultades no dándole lo que rechaza o retrasando la introducción o la masticación de alimentos en las edades recomendadas. La exposición repetida a los sabores nuevos consolidará su aceptación.

También hay que respetar su apetito y no intentar que coma más cantidad de lo habitual. Nunca se debe forzar a acabar un plato .En especial cuando el niño está enfermo no debe ser obligado a comer pues es frecuente que se pierda un poco el apetito durante unos días.

Evitar crear malos hábitos a la hora de comer:

No premiar ni castigar con los alimentos

Evitar que el niño juegue o mire la televisión mientras come

Amenazarlo con castigos si come mal o no come

No preguntar al niño que quiere hoy para comer

No sustituir una comida por otra si no le gusta lo que hay

No permitir que coma entre comidas de modo que llegue a la comida sin apetito

Fomentar el gusto por la comida 

La comida es un acto social que nos permite compartir el gusto por comer, por probar nuevos alimentos, disfrutar del color y olor de los platos y también compartir estas sensaciones con los que nos rodean.

Si el ambiente a la hora de comer es de tranquilidad y cariño será más fácil para el niño acostumbrarse a comer como los demás y para los padres realizar lo cambios adecuados a la edad del niño.

Si para el niño la hora de la comida es una hora de tensión, de discusión, donde se siente rechazado o forzado no será extraño que desarrolle aversiones a ciertos alimentos o que a la larga desarrolle trastornos ligados a la alimentación.

A medida que el niño crece su implicación en la preparación de los alimentos o en la preparación de la mesa también será un factor favorecedor de buenos hábitos alimentarios, además de implicarlo en que comparta las tareas domésticas.

No rendirse

Muchas veces nos parece imposible que nuestros hijos cambien sus costumbres respecto a la comida, pero en realidad la dificultad suele ser nuestra, de los padres, para enfrentarnos al problema y solucionarlo. De un día para otro no es posible cambiarlo todo pero si dar pequeños pasos y mantenerlos, con lo cual poco a poco veremos como el esfuerzo se ve recompensado. Cuanto antes nos pongamos a tratar el problema, más fácil será solucionarlo. La paciencia, el cariño y también la exigencia son fundamentales en este proceso.

Todos los miembros de la familia deben estar implicados en el cambio. No podemos pretender que un cambio en la alimentación ya sea por un problema de obesidad o por otra causa sea vivido por el niño como un castigo porque los demás no le acompañan o hasta lo ridiculizan por su problema.