¡SIEMPRE ME DICEN QUE TIENE UN VIRUS…!

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…y es muy posible, que por probabilidad estadística lo tenga, si su hijo tiene fiebre y síntomas respiratorios. De todas formas, no se alarme, su pediatra se guía por los síntomas que tiene el niño, no por estadísticas. Trataremos de explicar el porqué de este odioso diagnóstico.

En primer lugar definiremos lo que es una INFECCIÓN: es la invasión del organismo por gérmenes  (agentes infecciosos, “microbios”) patógenos (“capaz de producir patología”), capaces de multiplicarse y desarrollarse en el interior, producir substancias tóxicas (antígenos) que provocan por parte del organismo la producción de defensas (anticuerpos) temporales y/o persistentes (inmunidad) y, que a pesar de ser patógenos, pueden producir o no, enfermedad.

Existen muchos tipos de agentes infecciosos: Bacterias, Virus, Hongos, Parásitos, Ricketsias, Prions,… y el CONTAGIO puede ser DIRECTO: De persona a persona (oral, vía sexual, …) o INDIRECTO: a través de objetos, ropa, Alimentos, agua, animales, vectores (transporta el germen) vertebrados e invertebrados.

Las ENFERMEDADES BACTERIANAS  habituales, son más o menos fáciles de diagnosticar: Los síntomas son generalmente muy conocidos y delimitados, y si tenemos dudas, los medios diagnósticos a nuestro alcance, radiología y analítica, son bastante concluyentes de manera habitual y nos facilitan el “etiquetado” de la enfermedad. Por otra parte y por fortuna, tenemos todo un arsenal terapéutico que son los antibióticos que podemos usar con las pautas que existen para cada enfermedad o bacteria sospechosa. Por otra parte, si se tratan adecuadamente, se pueden prevenir las complicaciones. También es raro que existan epidemias, pero son más cortas y controlables.

Las ENFERMEDADES VÍRICAS, tienen una gran variedad de síntomas y su duración es variable: fiebre de intensidad variable, a veces muy difícil de bajar con antitérmicos, y que no tiene porqué estar relacionada su intensidad con gravedad; cefalea e irritabilidad, por la fiebre y por la afectación más o menos intensa del sistema nervioso; síntomas respiratorios, también extraordinariamente variables, desde congestión nasal a bronquitis, neumonía con derrame, etc; dolores articulares (artralgias) y musculares (mialgias); síntomas digestivos como estreñimiento, diarrea, vómitos y dolor abdominal, que pueden instaurarse en el tiempo con todas las variaciones posibles; puede aparecer también sarpullido (exantema) también con gran variación en el tiempo; aumento del tamaño de los ganglios (adenomegalias). Finalmente, otros síntomas como coloración amarilla de la piel (ictericia), hemorragias cutáneo-mucosas o síntomas meníngeos son mucho más raros pero alarmantes y graves.

Por otra parte, esta sintomatología tan poco específica la puede producir cualquier tipo de virus. A su vez un solo tipo de virus puede producir diferentes manifestaciones en diferentes personas, aunque el contagio sea reciente (por ejemplo, en el niño un catarro de vías altas, y en la madre, una bronquitis). Los análisis pueden orientarnos acerca de la posibilidad de que sea una virasis, pero la mayoría de las veces, no podemos identificarlos. Solo hay unos pocos, generalmente las enfermedades clásicas (sarampión, rubéola, varicela, paperas, exantema súbito, etc) que tengan una clínica más específica. Ni qué decir tiene, que no se tratan con antibióticos y que éstos, no previenen las complicaciones ni la sobreinfección bacteriana que puedan producirse en el transcurso de la enfermedad

La mayoría de los virus tienen como medio de contagio principal el contacto directo persona a persona por las gotitas microscópicas que exhalamos cuando hablamos. Así pues, el contagio es enormemente difícil de evitar. Las guarderías y la escolarización,  no ayudan, dado que los síntomas iniciales de las virasis no suelen ser importantes y ya son contagiosas. Del mismo modo, en cuanto el niño está mejorcito, vuelve a asistir. Es así como se producen las grandes epidemias de cualquier virus.

Hay otra circunstancia respecto a los virus y es su gran cantidad de especies y dentro de cada especie la cantidad de subtipos (serotipos) y que cada vez hay más. Esto, en parte, es originado por desequilibrio ecológico: El sitio que dejan libre las bacterias, “arrinconadas” por los antibióticos, está siendo ocupado por los virus. La otra causa, es la enorme capacidad de reproducirse y MUTAR que tienen los virus: Se dice que los virus están condenados a vivir, razón por la cual, ante las adversidades, tienen capacidad para cambiar su código genético y producir mutaciones. Esta es una de las razones por la que es tan difícil luchar contra ellos, tanto en su prevención (la fabricación de vacunas para prevenirlos es sumamente difícil en la actualidad), como en su tratamiento.  Por este motivo, las investigaciones y dotaciones económicas, van sobre todo encaminadas a prevenir y tratar las virasis más graves.

Y ahora llegamos al punto donde comenzamos: vamos al pediatra con el niño con fiebre con o sin alguno de los síntomas relatados. El pediatra le dice que es un virus, pero no le podrá decir el nombre, comenzará dándole tratamiento sintomático, que invariablemente siempre es el mismo y,  por supuesto, no le dará ningún antibiótico aunque lleve 3 días con fiebre, etc. ¡ya la tenemos liada!. Usted se impacientará, y el médico que se sentirá impotente y cansado de repetir lo mismo, paciente tras paciente (en caso de epidemia de gripe, por ejemplo), decidirá no discutir y dar el antibiótico tan ansiado como injustificado.

Tengamos paciencia, padres y madres: la fiebre es una defensa del organismo frente a las infecciones, no un síntoma de gravedad en general. La mayoría de las infecciones víricas son autolimitadas y leves. Acudan de nuevo a su médico, si la fiebre dura más de 4 días, si aparece dificultad respiratoria o empeora su estado general.